La Confidencialidad es un principio básico y necesario en el proceso de la mediación (art. 9 de la Ley) , es indispensable para crear un entorno de confianza y que las partes definan sus intereses, de manera que avale la claridad y sinceridad de las comunicaciones durante el procedimiento.

Esta confidencialidad supone, la obligación de mantener en secreto toda información utilizada o vista en el transcurso del proceso bien sea información documental o verbal (salvo que las partes acuerden lo contrario o  que haya indicios de delito y el juez de lo penal  lo solicite).

Imagen: stevendepolo (usuario Flickr)

Imagen: stevendepolo (usuario Flickr)

El contrato de mediación firmado entre las partes implicadas y el mediador, compromete a todos al respeto de los principios (entre ellos la confidencialidad) y determinar la conducta del mediador, que quedará protegido por el secreto profesional. Por lo tanto, cabe mencionar que las partes vinculadas a la confidencialidad serán:

  •  El mediador
  • Instituciones de mediación
  • Las partes intervinientes.

Respecto a la violación del principio de confidencialidad estamos ante una obligación de no hacer algo, una omisión. En el caso de haber una violación a este principio  habrá responsabilidades civiles e incluso en algunos casos puede llegar a haber alguna responsabilidad penal.

La trascendencia de este principio ha sido fundamental en la institución mediadora y por eso ha sido reconocida ampliamente desde los inicios de la mediación moderna, así teniendo una gran aprobación en las normas dictadas en transposición de la directiva 2008/52/CE.

(Post obra de Garazi Odriozola Alberdi, estudiante en prácticas de la UPV, bajo la dirección de Txetxu Urkiola, Presidente de IFAM)