Todas las personas tenemos un período o plazo para reclamar nuestros derechos. Si esta reclamación no se lleva a cabo en un tiempo establecido por la ley, se extingue dicho derecho, es decir, se prescribe por inactividad.

Ante esta consecuencia, cabe dejar claro, que con la mediación, se paraliza el cómputo del tiempo de dicha reclamación. Así, en el caso de que la solicitud de mediación se admitiese a trámite, se suspenderían los plazos de prescripción hasta la desaparición de la causa.

Imagen por DafneCholet (usuario Flickr)

Imagen por DafneCholet (usuario Flickr)

Es interesante diferenciar entre estas dos figuras de la prescripción: la suspensión y la interrupción. En el caso de la  interrupción, se paraliza el plazo de la prescripción suprimiendo el tiempo transcurrido hasta entonces,  y así después comenzando de nuevo a computarse desde el principio. Sin embargo, con la suspensión, simplemente se hace un paréntesis en el cómputo del tiempo empezando después a contar donde se había dejado. Como hemos dicho antes, en España se ha optado por esta última, la suspensión, evitando que la mediación produzca efectos jurídicos no deseados.

Los efectos de la mediación sobre los plazos de prescripción y caducidad vienen regulados en el artículo 4 de la Ley 5/2012 de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles.

(Post obra de Garazi Odriozola Alberdi, estudiante en prácticas de la UPV, bajo la dirección de Txetxu Urkiola, Presidente de IFAM)

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